Un escrito en los años…


¿Aún piensas en mí? ¿Acaso esa es una pregunta válida para ti? ¿Es posible una pregunta en medio del tiempo, de las distancias, de los sueños que retornan siempre, de lo que nunca fue dicho, de las cosas indestructibles que nos separan ahora? (escribo “separan” como si alguna vez hubiésemos estado juntos, es decir, como si ese espejismo de tenerte hubiese sido real algún día) La pregunta se cierne, y cada vez se cierne más fuerte, cada vez lo hace con mayor crudeza, como quien intenta morir desesperadamente y no puede bajo ninguna circunstancia.

Para mí, los días son crueles, pero si nos damos a la sinceridad te diré algo a modo de que parezca ser muy confidencial, lo peor del día son las mañanas. Quiero decir con esto que tengo un sueño espectacular[1], descanso muy bien, creo que reparo mis fuerzas para el día siguiente, pero sigo diciendo que lo peor para mí son las mañanas y no sé por qué.

Bueno, han pasado tantos años de todo, de nuestra historia y sigo pensando, mi cabeza martilla incesante con ideas que no dejan de retornar, que siempre tienen fuerzas para seguir adelante con su cometido, son incansables. Siempre pienso… No quiero decir con esto que sea un obsesivo (aunque así lo sea), no quiero decir que siempre me la pase pensando, pero lo hago, y lo confieso también sin miedos, sin sombras, sin nada que deber y por ende tampoco temer.
Todo esto se trata de saber, es eso ¿no?, simple y llanamente es eso y nada más. Es que en mi necedad (¿o necesidad?) deseo saber algo, quiero saber algo y ese algo te compromete a ti solamente. O sea, quiero saber si aún piensas en mí, si es cierto que te levantas en las mañanas y ves mi rostro ya deformado por los años, si es cierto que deambulo como una sombra que no quiere cruzar el “Aqueronte”, que no desea irse en lo más mínimo; saber, sólo eso, si es cierto que mi alma sigue empeñada en vivir en tus sueños, en las nubes de tu cerebro y tu cielo, si es cierto que no he alcanzado el lugar más profundo, o más bien el inverso a él: el destierro definitivo de la tierra de tu corazón, si es cierto que en alguna parte de ti aún vivo yo, aunque sea en lo más recóndito de tus sueños, del vapor de tu alma derrotada…
No lo digo con ambiciones de ningún tipo, solamente saber, sólo recuerda eso…

“¿Qué pueden hacer todos los demás si no pueden darte el universo?”

Esteban Ruiz Moreno
[1] En los dos sentidos de la palabra: sueño y anhelo.

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