¿POR QUÉ SE REUNEN LOS ANALISTAS?


JUAN GUILLERMO URIBE

Podemos cambiar esta pregunta por otra que nos lleva más directamente a nuestro tema: ¿Qué reúne a los analistas? La razón de este cambio se entenderá a lo largo de la exposición. Preguntar por el “por qué”, puede desviarnos de lado de las respuestas personales, mientras que preguntar por el qué, necesariamente nos conduce hacia el referente que convoca a los analistas. De entrada, se puede dar una respuesta simple a la pregunta ¿Qué reúne a los analistas?: LO REAL. Pero hay que desarrollarla. Presentemos otra respuesta: EL SÍNTOMA. Estamos, entonces, haciendo equivaler el síntoma con lo real. Se entiende en psicoanálisis por LO REAL, ese registro psíquico que hace parte de la trilogía REAL, SIMBÓLICO, IMAGINARIO con la cual Lacan organiza la realidad psíquica al extraerla de saberes médicos y psicológicos. En  su enseñanza articulará estos tres registros con la trilogía freudiana, INHIBICIÓN, SÍNTOMA Y ANGUSTIA. Decimos que LO REAL es del orden de lo imposible, de lo que siempre vuelve a su lugar, es decir, lo podemos percibir como lo que ex-siste y que, por consiguiente, sostiene la repetición. Si lo contrastamos con los otros dos registros, encontramos que lo IMAGINARIO  se refiere al cuerpo y la relación con el semejante; lo imaginario le da consistencia al cuerpo. Lo SIMBÓLICO es del orden del lenguaje, y su efecto sobre el organismo es producir un agujero que orienta el deseo del sujeto. El orden significante que es el orden de lo simbólico, implica una separación en el par ordenado S1---- S2  en el cual emerge el Sujeto. El síntoma participa de los tres registros y por eso afecta tanto la relación al semejante,  como al cuerpo, puesto que el lenguaje en tanto  materia prima del inconsciente, determina al sujeto y su entorno. El aspecto real del síntoma tiene que ver con la satisfacción soterrada que implica, la que, de alguna manera, no cede a la interpretación significante. Lacan orienta su última enseñanza en resolver esta función de real del síntoma la que se constituyó en un impase para la clínica. Hablará en RSI, (1974-75) de la función real del síntoma como goce y escribirá la fórmula f(x) poniendo en el lugar de X al objeto a como condensador de goce.

El sujeto y su síntoma
Es el sujeto quien consulta al analista al estar afectado por algo que <> en su vida; algo que se repite, que va invadiendo el Yo y lo incapacita para el desempeño de sus tareas vitales. Lo afecta en su cuerpo y en su pensamiento. El síntoma se manifiesta como una repetición extraña e insoportable. Inicialmente, se muestra ante el analista como una queja acompañada de un memorial de agravios con imputación a los padres o al período de la infancia.

Analista, paciente y síntoma
Tenemos, de esta manera, el encuentro entre el paciente y el analista, mediado por la demanda de curación del síntoma. El analista hace una oferta para alojar el síntoma y hace pareja con él, en tanto el síntoma se articula a la interpretación vía transferencia. De esa forma el par transferencia-interpretación se vuelve el movimiento de la dirección de la cura. El analista con su deseo de analista (que no es igual a deseo de curar), sostiene con su presencia y acto, el encuentro del sujeto, afectado por el síntoma, con su inconsciente como causa.
El síntoma ocupa, entonces, el ámbito de la cura, por consiguiente, lo REAL compromete tanto al analista como al analizante. Lo real no va cesar de presentarse como repetición. De ahí la queja del analizante sobre lo que no cambia en su vida, y del analista, sobre la dificultad de tocar, mediante la interpretación, lo real como goce soterrado. Se comprende, claramente, la necesidad del análisis personal en el analista y los controles de su práctica, pues lo real  y la queja del paciente, o la presión del medio puede llevarlo a utilizar la sugestión, desde una posición de amo o a identificarse desde su fantasma con el sufrimiento del paciente (comprensión humanitaria…).
Freud nos advirtió desde el comienzo de su descubrimiento de la necesidad  del análisis del analista y del control de su trabajo clínico. Advirtió el riesgo de esta práctica desarrollada sin las precauciones de protección para el analista. La falta de cuidados de parte del analista la comparaba a las intervenciones radiológicas hechas sin precauciones de parte del médico radiólogo…
La presencia de lo real en nuestra práctica nos lleva a hacer consideraciones sobre el grupo de los analistas, motivo de esta intervención. En una carta de Freud George Groddeck en 1924, le escribe: <>. Esta opinión de Freud implica dos aspectos, uno sobre los cuidados y precauciones de los analistas respecto a su práctica y las consecuencias de esta sobre los analizantes; el otro aspecto es el relacionado a la transmisión del psicoanálisis, su teoría y su práctica.

Asociación-Escuela
Lacan distingue entre: Asociación y Escuela. El inaugura el término Escuela en relación al ámbito en que se encuentran los analistas fuera de su práctica privada en los consultorios. Cuando introdujo este significante hizo relación a las antiguas escuelas de sabiduría del mundo griego: Academia, Estoa, Epicúrea, el Jardín… Explícitamente habla de lugares de refugio frente al malestar de la cultura. La experiencia clínica y la enseñanza de Freud lo orientaron en el reconocimiento de los efectos de la pulsión sobre los sujetos, de tal forma que se puede pensar la pulsión como lo que se manifiesta entre el sujeto y la cultura y al interior del mismo sujeto. Es decir, el estrago de lo real en sus diferentes manifestaciones sintomáticas.
En relación al modo de reunión en asociación, Lacan lo considera no propio para el cultivo del discurso analítico, que es una práctica bajo transferencia. La Asociación se confunde con sistemas gremiales con propósitos de defensa de profesionales y con jerarquía y burocracia orientada a una reproducción de profesionales de acuerdo a cursos y  protocolos de certificación. La IPA había derivado en eso contra el deseo de Freud.

Transmisión y Escuela
La paradoja de la transmisión es que siempre implica valores e ideales como sabemos en el caso de la familia humana. La transmisión conlleva la paradoja entre el ideal y sus servidumbres, y la singularidad y su autonomía. La Escuela, como nos la transmitió Lacan, es un lugar en donde los analistas y no analistas llevan a cabo una formación compartida. El análisis personal implica, más allá de la tramitación de los síntomas, la transmisión de un deseo particular e inédito hasta la aparición del psicoanálisis, se trata del Deseo del analista. Deseo que solamente se verifica por el testimonio ante el Cartel del Pase. Garantía  que la Escuela ofrece mediante la nominación AE: Analista de la Escuela. Las otras denominaciones como Analista Practicante, es la que se atribuye el analista que se autoriza a hacer una práctica analítica. El AME, Analista Miembro de la Escuela, es una nominación que confiere la comunidad de los analistas que pertenecen a esa Escuela, a uno de sus miembros reconocido por su participación en las actividades de transmisión y enseñanza. No Analista, titulo que da Lacan a aquellos analizantes que quieren participar en la vida de la Escuela sin instalarse como analistas y aportan con su saber a la  jerarquía además son provisionales, menos la de AME.

Psicoanálisis y Universidad
La Universidad como “Mercado de los saberes”, no puede impartir la formación de analista desde ningún dispositivo institucional. El discurso universitario cree en la posibilidad de articular saber y verdad, tal como la ciencia lo postula. El psicoanálisis, más bien sostiene la disyunción entre el saber y la verdad, haciendo del  inconsciente un lugar de un saber que no se sabe o no se quiere saber, en tanto implica las consecuencias de la castración. El matema que escribe este saber reprimido es el significante del Otro tachado. Una forma apodíctica de expresar lo mismo es <>.
Según lo anterior, la transmisión no es el trabajo de hacer análisis, desarrollar trabajos teóricos, participar en la vida de la Escuela. Todo esto es valioso, pero lo permite finalmente sostener el psicoanálisis, es lo que se transmite en el Cartel del Pase como algo inédito de la teoría en el sentido de la particularidad de un sujeto afectado por síntomas.

Intensión-Extensión
Estos dos significantes provienen del campo de la lógica. Se dice que hay una relación inversa entre comprensión y extensión de un concepto. Por ejemplo en la definición El hombre es un animal racional, “animal racional”  es extensible a muchos referentes. Si se agregan más determinantes a la definición, se reduce su extensión, v.gr.: animal, racional, blanco, europeo, francés. Se comprende que en la medida que aumentamos los determinantes,  reducimos su referente, mientras que si reducimos los determinantes se amplía su aplicación a muchos referentes. También puede hacerse patente este hecho.
Cuando Lacan utilizó estos términos de la lógica para aplicarlos al ámbito del psicoanálisis, definió la intensión como lo que está relacionado con el dispositivo analítico, con el análisis personal. El acto analítico y sus consecuencias sobre el analizante, lo llevan una relación de extensión  como consecuencia de su experiencia íntima. Lacan asoció estas dos nociones con la figura de la cinta de Moebius, en la cual una sola superficie construida con una torsión produce el efecto de un recorrido que sin cambiar de superficie, cambia de perspectiva. Aplicando esta reflexión al campo de la clínica analítica, vemos cómo el efecto del acto analítico produce el viraje de analizante a analista en tanto hubo una transmisión de ese enigma que Lacan nombró Deseo del analista. Por lo anterior, al examinar el contenido de la transmisión del psicoanálisis, comprendimos que lo que allí circula es un vacío referido al objeto como agujero en el saber, es decir, la imposibilidad de lo simbólico para cubrir todo lo real. Puede expresarse esto también con la prueba de la pulsión y sus objetos parciales: no hay un objeto propio y único de la pulsión.
La práctica del psicoanálisis en las instituciones de salud o de protección social, cada vez está más sometida a los imperativos de cobertura y calidad en la atención al “cliente”. Se piden resultados inmediatos y par eso se aplica el medicamento como recurso de alivio. Se utiliza la sugestión imperativa para cambiar lo que no funciona en los sujetos. No es una buena táctica hacer declaraciones militantes al estilo Yo soy de orientación analítica. Esas declaraciones no producen otro efecto que el de cerrar puertas al psicoanálisis y llenar los cupos con otras orientaciones. No hay problema con las distintas orientaciones en la clínica, lo importante es que nuestra intervención muestre la diferencia en la escucha y la dirección de la cura.
Esto también nos indica la necesidad de la Escuela como lugar de formación e intercambio. Los finales de análisis vueltos testimonio en el Pase, le sirven a la comunidad de los analistas para pone a prueba la teoría  y su encarnación en el horizonte subjetivo de la época.

Conclusión
Hay un dilema permanente en el psicoanálisis y su práctica: el psicoanálisis y los psicoanalistas son rebeldes a las formas de institucionalización, pero sin embargo, su formación requiere la presencia de otros analistas. Sin Institución no hay analista y por consiguiente, de ellos depende la existencia del psicoanálisis como respuesta a lo real  y al malestar. Teniendo en cuenta que no es una promesa de felicidad, pero tampoco de estoicismo.
Lacan nos dejó un legado sobre lo que él consideró como su Escuela: El Pase, la garantía y los carteles. Esos son los tres pilares sobre los  que se sostiene nuestra experiencia.

PASTO, NOVIEMBRE DEL 2007


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